UN NUEVO SISTEMA ELECTORAL PARA CATALUNYA

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Cataluña no cuenta con un sistema electoral propio: los partidos políticos no se han puesto de acuerdo en cerca de 40 años. No es extraño: cualquier cambio sobre el actual implica potenciales pérdidas o ganancias en escaños para cada uno de ellos. Por eso en los países más desarrollados democráticamente el debate sobre la reforma del sistema electoral se ha abierto a la deliberación más allá de los partidos, con asambleas ciudadanas (British Columbia, Ontario) o comisiones de expertos con propuestas consultadas en referéndum (Nueva Zelanda).

Aunque los argumentos, a menudo, han sido subsidiarios de los cálculos coste-beneficio, en Cataluña hay dos posiciones claras: los que quieren que todos los votos cuenten igual y los que dicen que es necesario que todos los territorios estén suficientemente representados. Esta oposición -que se da en todas partes- es especialmente flagrante en el caso de Cataluña donde la mitad de la población vive en el área metropolitana de Barcelona.

Ahora bien, no es un problema exclusivo catalán. A menudo la población de un país no se distribuye uniformemente en todo el territorio y, por tanto, hay áreas más pobladas que otras. Para lograr una adecuada representación los sistemas electorales están evolucionando hacia una fórmula conocida como Sistema Proporcional Mixto (SPM), que busca combinar los dos objetivos, como el que se aplica en Alemania, Escocia o Nueva Zelanda. Yo soy un firme partidario de que se aplique en Cataluña.